ALEXANDRE RODRIGUES GOMES: "De la desesperación a la metanoia: Kierkegaard en el sertão de Guimarães Rosa"
CEU / Barcelona - España // País de origen: Brasil

Introducción
El médico, diplomático y escritor brasileño João Guimarães Rosa (1908-1967) aportó a la literatura de lengua portuguesa una relevante y definitiva contribución en el siglo XX, no solamente por las innovaciones de lenguaje, a través de una escritura repleta de oralidad y neologismos — lo que constituye tal vez la dimensión más alabada de su obra —, sino también por su rico repertorio temático, una vez que, dentro de un panorama sociológico muy bien dibujado, el autor desarrolla enfoques no solamente sociales sino también psicológicos, existenciales, religiosos y metafísicos, con sus personajes frecuentemente debatiéndose en conflictos éticos comunes a todos los pueblos en cualquier tiempo y lugar, lo que transforma el sertão mineiro — escenario de sus luchas y sufrimientos — en una alegoría del mundo. Una de sus obras que mejor refleja todo ello es el cuento A hora e a vez de Augusto Matraga, del libro Sagarana, publicado en 1946. En dicho cuento acompañamos la saga del pistolero Augusto Matraga, quien — tras una sangrienta trayectoria de crímenes y violencias — sufre una terrible sacudida que le hace cambiar de rumbo en la vida, recorriendo de ahí en adelante un arduo proceso de metanoia2 a lo largo del cual es posible percibir algunas de las categorías del pensamiento de Søren Kierkegaard (1813-1855). El presente estudio pretende, pues, señalar de qué manera y en qué sentido(s) el pensamiento del filósofo danés coincide con el del escritor brasileño, teniendo en cuenta los referenciales cristianos compartidos por ambos, aunque Kierkegaard proviene de un ambiente protestante, mientras que el cristianismo de Guimarães Rosa es de matriz católica. El análisis tiene su pertinencia y justificación en el hecho de que los dos autores han aportado una profunda comprensión del ser humano, tanto de sus debilidades como de sus potenciales de autosuperación, así como formulaciones muy útiles para el enfrentamiento de los desafíos de la modernidad; aportaciones que son como semillas que, en suelo fértil, tienden a florecer extraordinariamente.

La metanoia de Matraga
Según lo susodicho, el protagonista del cuento de Guimarães Rosa atraviesa por un duro proceso de metanoia en cuyo transcurso logra convertirse en un nuevo hombre. El primer aspecto del pensamiento de Kierkegaard que se puede notar en la saga de Augusto Matraga es en cuanto a los tres estadios existenciales que ha planteado el pensador danés, correspondientes a lo estético, lo ético y lo religioso. En una primera etapa de su vida, Matraga sólo se tiene a sí mismo como punto central de todo, y todo el mundo tiene que girar a su alrededor: la esposa, la hija, los compañeros de trabajo (y de crímenes) y los enemigos. Profundamente esclavo de satisfacciones egoístas e inmediatas, que nunca lo satisfacen suficientemente, su comportamiento refleja en cierta medida el estadio estético. Su situación empieza a empeorar cuando sufre algunos reveses económicos como consecuencia de las deudas que se le habían ido acumulando, en un momento en que sus antiguos aliados en la política, que en otros tiempos él había ayudado a que fuesen elegidos, ya no están en el poder. Como ya no paga a tiempo a los miembros de su banda de pistoleros, estos lo abandonan y pasan a trabajar justamente bajo el comando de su principal adversario: el Major Consilva, que pronto les da la tarea de matar a Matraga. Tras recibir una violenta paliza, además de varios golpes de cuchillo, Matraga llega a caer de lo alto de un monte, así que lo creen indudablemente muerto. Sin embargo, socorrido por un campesino y su esposa, Matraga logra sobrevivir. Inicialmente, lleno de rabia y rencor, desea recuperarse únicamente para ir en búsqueda de la venganza, pero la pareja de buenos samaritanos, así como el cura rural que ambos le trajeron, le instan a que se arrepienta de sus muchos pecados, a que se olvide de rencores y venganzas y pase a vivir de acuerdo con las leyes divinas. San Agustín, en su obra La naturaleza y la gracia (415 d. C.), postula que la naturaleza humana, debido al pecado original, ya no se encuentra en su integridad sino que desde entonces permanece herida, destrozada, gravemente enferma, de tal modo que, aunque es de suma relevancia su decisión de levantarse, ya no puede lograrlo con sus propias fuerzas, y pasa a depender entonces del auxilio de la gracia (AGOSTINHO, 2007: 160). Así pues, en el relato de la caída de Augusto Matraga desde lo alto de la montaña — consecuencia en definitiva de sus pecados anteriores — puede perfectamente ser leído como una alegoría de la gracia, puesto que Matraga, aunque caído en el suelo todavía vivo, ya no se encontraba en condiciones de seguir adelante sin ninguna ayuda; por consiguiente, habría muerto si no fuera por el auxilio prestado por la pareja campesina, que al obrar así se constituye en instrumento de la intervención divina. Este pasaje del cuento conlleva una evidente semejanza con la parábola de Jesucristo del Buen Samaritano (LUCAS 10: 25-37). El propio narrador llega a referirse a la pareja campesina como «pareja de negros samaritanos» (ROSA, 2015: 301).
Gracias a dicho socorro, Matraga empieza su nuevo camino en la vida, que coincide con el estadio ético kierkegaardiano, en la medida en que él no solamente reniega de todo su comportamiento anterior sino que adopta, además, una nueva conducta, que consiste en dedicarse a servir al prójimo, principalmente a la pareja que le salvó la vida y que es ahora su nueva familia. Dicho cambio de actitud ocurre como consecuencia del reconocimiento de su propia culpa por los pecados cometidos en su sangriento pasado, todavía reciente, por los cuales Matraga pide perdón a Dios delante del sacerdote solicitado por el campesino y su esposa. Eso significa que él asume la responsabilidad por todos los males que cometió, ya que no alega en ningún instante que los haya cometido por culpa de terceros o de las circunstancias. Él ni siquiera invoca, como justificación o disculpa para sus crímenes, su infancia sin madre — esta murió muy temprano — y sin padre, ya que, la mayor parte del tiempo, este permanecía ausente del hogar, por lo que fue educado únicamente por la abuela. Matraga simplemente asume su culpa y se arrepiente, pasando a hacer el bien a toda la gente que encuentra y que lo necesite. Pero va un poco más allá, pues además de adoptar un nuevo proceder moral, comprende también que debe acercarse cada vez más a Dios; así que, simultáneamente a un impulso horizontal — es decir, de asumir un buen comportamiento hacia los demás — hay también un fuerte impulso vertical, de sí mismo hacia Dios, por lo que su nuevo estadio existencial tal vez fuera mejor descrito como ético-religioso. Pasa asimismo a comprender los sufrimientos ya no como desgracias sino como la penitencia necesaria para su redención, que de esta forma se va configurando como una convergencia entre su esfuerzo humano y la gracia divina, representada justamente por la pareja campesina que lo socorrió a tiempo, cuidando tanto de su recuperación física como de su regeneración moral. De ellos — y de la gracia que actúa por medio de ellos) fue que Matraga recibió las condiciones para que pudiera marchar rumbo a su metamorfosis. Todos estos componentes del cambio de Matraga coinciden sobremanera con lo que dice Kierkegaard en su libro Migajas filosóficas, de 1844, publicado bajo el seudónimo Johannes Climacus, como se puede observar:

Cuando el discípulo es la no-verdad (si no, retornamos a lo socrático), sigue siendo hombre y, al recibir la condición y la verdad, no se transforma en aquel primer hombre que ya era: se hace otro hombre, pero no en sentido frívolo, como si fuera otro de la misma cualidad que antes, sino convirtiéndose en un hombre de otra cualidad o, si así podemos llamarlo, en un hombre nuevo. Mientras era la no-verdad, estaba continuamente alejándose de la verdad; en el instante de recibir la condición, su camino tomó la dirección contraria, es decir, se volvió. Llamemos a este cambio conversión, aunque esa palabra no se haya usado hasta ahora. Por eso la hemos elegido: para no confundir, puesto que ha sido inventada para designar el cambio de que hablamos. Mientras estaba en la no-verdad por culpa propia, esa conversión no podía acontecer sin que fuera aceptada por su conciencia o sin ser consciente él mismo de que era por su culpa. Con esta conciencia se despide del estado anterior. Pero ¿cómo podría despedirse sin pena en el alma, aunque esa tristeza sea por haber permanecido tanto tiempo en el anterior estado? Llamemos a esa pena arrepentimiento, porque ¿qué es el arrepentimiento sino mirar atrás acelerando la marcha hacia aquello que está delante? Mientras estaba en la no-verdad, una vez recibida la condición y la verdad, se operó en él un cambio como del no-ser al ser. Este paso del no-ser al ser es como el de un nacimiento. (KIERKEGAARD, 2004: 34).

Otro punto digno de mención es lo que plantea Guimarães Rosa respecto al sentido del sufrimiento, ya que en su nueva trayectoria Augusto Matraga no cede ni retrocede ante los dolores físicos y emocionales, puesto que el cura ya se lo había dicho: «¡Entrégate a Dios y haz penitencia!» (ROSA, 2015: 300). {Traducción mía}. Esta férrea determinación con la que Matraga asume el sufrimiento — con la profunda consciencia de que tal tormento es justo — de acuerdo con Viktor Frankl (1905-1997), promueve un importante cambio en el significado del dolor, es decir, tal actitud de Matraga hacia su sufrimiento lo convierte ya no en castigo sino en penitencia, la cual consiste, según Frankl, en arrepentimiento y deseo de regenerarse, mientras que el sufrimiento en calidad de castigo se caracteriza solamente por el dolor y la agonía acarreada, sin ningún tipo de arrepentimiento por los errores que generaron los actuales tormentos (FRANKL, 2019: 310-311). Siendo así, un mismo sufrimiento puede adoptar un muy distinto sentido según el modo de reaccionar del doliente ante su dolor.
A partir de ahí, como un cristiano que busca sobre todo ser cristiano, él pasa a esmerarse cada vez más en la ayuda a sus semejantes, auxiliando a otros campesinos en varias de sus necesidades diarias, sin jamás cobrarles nada por su cooperación. Al mismo tiempo, ya no ve el sufrimiento como una desgracia o un castigo, sino que lo considera como purificación y aprendizaje hacia su liberación espiritual. Este cambio en la manera de ver los dolores le resultó fundamental para no sucumbir a la desesperación, porque ahora estaba seguro de que, así como sus tormentos fueron consecuencia de los pecados del pasado, estos mismos tormentos podrían ser también — de ahora en adelante — causas de su redención futura, con tal de perseverar; y él perseveró, creyendo firmemente que llegaría su hora y su vez; la oportunidad de Augusto Matraga. Nuevamente aquí — en esta comprensión de que lo peor no es la experiencia del dolor y ni siquiera la muerte sino la desesperación — es posible identificar un interesante encuentro entre el pensamiento de los dos autores, como nítidamente vemos por lo que escribe Kierkegaard en la obra La enfermedad mortal, de 1849, ahora bajo el seudónimo Anti-Climacus:

 
Por tanto, en el sentido cristiano, ni la misma muerte alcanza la categoría de enfermedad mortal, y mucho menos la alcanza todo eso a lo que suele llamarse sufrimientos terrenos y temporales: necesidad, enfermedad, miseria, apuros, calamidades, penas, dolores del alma, cuidados y aflicción. Y aunque todo ello fuese tan pesado y penoso que los hombres, al menos los que sufren, se vieran obligados a exclamar: «esto es peor que la muerte»..., sin embargo nada de esto, comparable a una enfermedad, pero en realidad no siéndolo, puede llamarse en el sentido cristiano una enfermedad mortal. (KIERKEGAARD, 2008: 28).

            Así pues, el viejo pistolero — ahora penitente — prosigue firme en su peregrinación a lo largo del sertão mineiro, la cual revela cierta semejanza con la travesía de Dante por el Infierno y el Purgatorio en búsqueda del Paraíso. Aunque había resuelto no matar a nadie nunca más, Matraga sin embargo aún sacó la pistola nuevamente en su último tiroteo, a fin de salvar de la muerte y de la violación a toda una familia que no tenía cómo defenderse de una cuadrilla tan cruel como la que él mismo había liderado antiguamente. Consigue al final salvarlos, pero también acaba muriendo. Muere dando la vida por los demás, por toda una familia inocente a quien ni siquiera conocía. Una familia a la que, en otros tiempos, él mismo sería también capaz de eliminar sin vacilación. En términos kierkegaardianos, se puede interpretar, por lo expuesto anteriormente, que Matraga cambió arduamente de la etapa estética a una etapa ética-religiosa, avanzando todavía más, rumbo al estadio religioso, al cual sin embargo no logró llegar, aunque tuvo del mismo una progresiva aproximación, desgraciadamente interrumpida por la muerte acaecida en el mencionado tiroteo en el cual sacrificó su vida para salvar a varias personas inocentes. En lugar de entregarse a la desesperación, se aferró a la fe, poniendo en práctica lo que recomienda Kierkegaard cuando dice que «ya se sabe que lo contrario de estar desesperado es tener fe» (KIERKEGAARD, 2008: 72). Toda su profunda metamorfosis empezó a través de un tremendo shock que lo sacudió en su íntima esencia, casi matándolo; pero dicha sacudida fue en verdad la chispa que desencadenó (y a la vez encadenó) todo su proceso de renacimiento. Exactamente como Kierkegaard enseña, al afirmar que «sólo quien haya sido sacudido en su íntima esencia de tal modo que llegue a ser espíritu, comprendiendo que todo es posible…, sólo ese ha entrado en contacto con Dios» (KIERKEGAARD, 2008: 62).

Conclusiones
Del análisis del cuento de Guimarães Rosa a partir de los postulados de Søren Kierkegaard es posible sacar importantes lecciones, entre las cuales podemos destacar el sentido del sufrimiento, no como algo que deba ser buscado sino como una experiencia que, si acontece (y siempre ocurre a todas las personas), puede ser transformada en instrumento de ascensión. La perseverancia es otro grandioso ejemplo que nos da el protagonista, así como la hombredad de asumir sus culpas como primer paso hacia su redención ética y espiritual. Kierkegaard, que vivía en una sociedad oficialmente protestante, solía advertir a sus contemporáneos daneses acerca de la urgente necesidad de que — aunque ya eran formalmente cristianos — se convirtiesen de veras al cristianismo, es decir, a una vida efectivamente de acuerdo con el Evangelio, reintroduciendo así el cristianismo en la Cristiandad (BACKHOUSE, 2019: 160). De la misma manera, Guimarães Rosa, al escribir sobre un Brasil ampliamente católico, lanza, a través de la historia de Augusto Matraga, la misma advertencia a los cristianos brasileños, acerca de lo conveniente de convertirse de hecho al cristianismo, por más que ya sean oficialmente cristianos. Se trata, por lo tanto, de la misma exhortación, dirigida por los dos autores no solo a daneses y brasileños sino a todo el mundo. Siendo así, pueden ser señalados siete puntos fundamentales: (1) el sufrimiento como escuela de redención; (2) la noción de que lo peor no son los desastres sino la desesperación; (3) la importancia de la fe y la perseverancia; (4) la llamada a la responsabilidad individual, es decir, hay que asumir la culpa por el pecado y cambiar de rumbo y de conducta; (5) la necesidad de la conversión del cristiano nominal en verdadero cristiano; (6) dicha conversión no debe restringirse al cambio moral hacia los demás, propio del estadio ético, sino que debe incluir el impulso vertical hacia Dios, propio del estadio religioso; (7) por fin, lo imprescindible que resulta el auxilio de la gracia en el proceso de la metanoia. Así pues, fue justamente cumpliendo cada uno de esos puntos que Augusto Matraga, tras haber agonizado en peligro mortal, casi destruido física y espiritualmente, en el momento crucial de su vida, en la encrucijada de su existencia, supo no obstante tomar una decisión sagrada, la cual le hizo nacer de nuevo, como un ser humano mucho mejor.

Bibliografía
AGOSTINHO, Santo. A natureza e a graça. In: ______. A Graça ( I ). Trad. Frei Agustinho Belmonte OAR. 3ª.ed. São Paulo: Paulus, 2007. pp. 101-197. (Coleção Patrística; 12).

ANTONIO FILHO, Fadel David. Sobre a palavra «sertão»: origens, significados e usos no Brasil (do ponto de vista da ciência geográfica). Ciência Geográfica - Bauru - XV - Vol. XV - (1): Janeiro/Dezembro – 2011. pp. 84-87.
BACKHOUSE, Stephen. Kierkegaard: uma vida extraordinária. Trad. Nírio de Jesus Moraes. Rio de Janeiro: Thomas Nelson, 2019.

BIBLIA. Español. Biblia Sagrada. Texto íntegro traducido del hebreo y del griego. LXXXI edición. Madrid: Ediciones Paulinas; Pamplona: Editorial Verbo Divino, 1972.
FARAGO, France. Compreender Kierkegaard. Trad. Ephraim F. Alves. Petrópolis: Vozes, 2006.

FRANKL, Viktor. O sofrimento humano: fundamentos antropológicos da psicoterapia. Trad. Renato Bittencourt e Karleno Bocarro. São Paulo: É Realizações, 2019.

KAZMIERCZAC, Marcin. El narcisismo y la resiliencia en la obra de Ernesto Sábato. Vigo: Editorial Academia del Hispanismo, 2016.
KIERKEGAARD, Søren Aabye. Migajas filosóficas o un poco de filosofía. 4ªed. Trad. Rafael Larrañeta. Madrid: Trotta, 2004.

______. La enfermedad mortal. Trad. Demetrio Gutiérrez Rivero. Madrid: Trotta, 2008.

ROSA, João Guimarães. A hora e a vez de Augusto Matraga. In: ______. Sagarana. Rio de Janeiro: Nova Fronteira, 2015. pp. 287-325.

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