MYRIAM MOREIRA PROTASIO: “Cuidado de sí en Kierkegaard en relación con la psicología clínica”
*****

La expresión cuidado de sí es tema del conjunto de clases dictadas por Foucault sobre Hermenéutica del sujeto. Foucault (2010)[1] recupera el sentido original de la expresión griega epiméleiaheautoû: "el cuidado de sí mismo, el hecho de ocuparse consigo, de preocuparse consigo, etc." (p. 4). Según el autor, tenemos el hábito de relacionar el significado de epiméleiaheautoû con la famosa descripción de Delfos de gnôthiseautón (conocerse a sí mismo), que aparece en la filosofía por el personaje de Sócrates. Sin embargo, Foucault (2010) llama la atención sobre los vínculos entre el epiméleiaheautoû (cuidar de sí mismo) y gnôthiseautón (“conócete a ti mismo"), indicando que el conocimiento aparece junto con el cuidado de sí. El epiméleiaheautoû no designaba únicamente una actividad de la conciencia o atención sobre sí mismo, sino una ocupación regulada, un trabajo con los procedimientos y objetivos. Para Foucault (2010, p. 14), hubo un olvidar del precepto más original del cuidado de sí.
Kierkegaard, como Sócrates, quería recuperar el cuidado de sí que había sido olvidado por la filosofía y por el cristianismo de su tiempo. ¿Pero se puede decir que el cuidado de sí mismo, como dijo Kierkegaard, se inserta en la tradición mencionada por Foucault como epiméleiaheautoû (cuidado de sí mismo)? O su "autoexamen" y "juzgar por sí mismo", presente en su texto de 1851, permanecieron bajo el gnôthiseautón("conócete a ti mismo"). Es decir, ¿el cuidado de sí mismos en Kierkegaard sucede en el orden del autoconocimiento o de la práctica y cuidado de sí? ¿Su propósito era argumentativo o él hacía una apuesta en la posibilidad de transformación? Este texto pretende dar respuesta a esas preguntas con el firme propósito de tener en cuenta sus consecuencias en el ejercicio de una clínica psicológica.
 
Kierkegaard y el cuidado de
Foucault (2002
[2], 2010) muestra que Sócrates invitó a sus contemporáneos para que se ocupasen de ellos mismos y, en eso, él estaba cumpliendo su misión, de la cual no pudo deshacerse hasta su muerte; cumplió su misión sin esperar recompensa. Al enseñar a un hombre para cuidar de sí mismo, Sócrates tuvo cuidado de sí mismo. En ese cuidado también fue útil para la ciudad, para enseñar a los hombres que se ocupasen de sí mismos, él enseñó al hombre a ocuparse, al mismo tiempo, de la ciudad. Por lo tanto, incluso en sus últimos momentos, en la Apología, Sócrates cuando estaba a punto de sellar su destinoy Lisias ofrece a Sócrates un discurso que le podría absolver, lo que está en cuestión es el cuidado de Sócrates con su verdad.
Kierkegaard (2011)
[3] también utiliza este momento de la Apología en el cual Lysias, temiendo por la suerte del maestro, le ofrece un discurso preparado que, en su opinión, sería suficiente para evitar su muerte. Sócrates muestra a su amigo que aceptar esa defensa a través de un discurso de segunda mano sería testigo de la falsedad de su propia existencia. Y, volviendo a su propio camino, la manera como, durante 20 años, expuso sus ideas a todos los que encontraba en la calle, después de haber sido ridiculizado por muchos y considerado valioso por otros, Sócrates ejerció su cuidado debido a que sus ideas eran su vida. Para Sócrates, vaciar la copa con el veneno a él destinado era suponer que fuera mal entendido en su tiempo y que "los altavoces con el arte de la oratoria no son para mí" (p. 28), porque lo que tenía en su favor no eran argumentos sino el esfuerzo de toda una vida, sus pensamientos y la forma en que habían sido expuestos durante muchos años, "son mi vida, me han ocupado en todo momento, y no ocupo a ninguna otra persona, me tienen ocupado infinitamente" (Kierkegaard 2011, p. 28). Con la reconstrucción de ese momento de la Apologia, Kierkegaard trae a colación que el cuidado socrático es el cuidado de sí y, al mismo tiempo, un cuidado con su tiempo.
En voz de Climacus, Kierkegaard (2016)
[4] retoma el pensamiento griego para aclarar que "Entenderse a sí mismo en la existencia era el principio griego" (p. 69) y el griego estaba personalmente involucrado en esta tarea sin ninguna preocupación con la posición humilde y modesta a que estaba obligada por el estado de ignorancia que lo llevaría a conocer. En el horizonte de la libertad (cristianismo), el error (pecado) se define como la desobediencia, como un consentimiento dado por el espíritu de una vida disoluta, y al mismo tiempo, exige un sentido, para descubrir la posibilidad de que se convierta en su necesidad. En cualquier caso, lo que está en cuestión es la relación del individuo con su propia existencia, su propia verdad, y la fuerza que puede venir de esta relación.
El examen de sí es la temática de Kierkegaard (1851/2011) en el discurso cristiano organizado bajo el título Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo. La pregunta que importa es si un hombre, sabiendo la verdad, ¿la tiene como la verdad de la existencia? Por lo tanto, el examen de sí se refiere al cuidado de uno mismo: el hombre escucha y se ve a sí mismo, se juzga a sí mismo y puede transformarse a sí mismo ante ese escuchar o ver. Vamos a empezar nuestro enfoque de este texto por la exhortación presente en el prefacio, donde Kierkegaard (2011) dice: "Mi querido lector!, ¡lee, en lo posible, en voz alta!”  (...) Al leer en voz alta, recibirás con más fuerza la impresión de que tendrás que habértelas únicamente contigo mismo, no conmigo, ‘que no tengo autoridad’, ni tampoco con otros, lo que sería distracción." (p. 23). Kierkegaard advierte al lector que no vea el texto, ni se distraiga por el autor del mismo, sino que se piense a sí mismo en el texto. Dice Kierkegaard (2011): "En primer lugar, se requiere que usted no vea el espejo, que no mire al espejo, sino que se vea a sí mismo en el espejo" (p. 43), por lo que puede decirse a sí mismo, mientras se mira en el espejo / texto: "es a mí a quien se habla, es de mí de quien se habla" (p 59). De este modo, el texto en sí ya se encuentra en el lugar del inter-esse, entre el lector y el texto, entre el jugador y su propia existencia.
Con él "es a mí a quien se habla, es de mí de quien se habla" (Kierkegaard, 2011, p. 59) muestra un modo de conexión entre el texto y el lector que se cree fundamental para pensar una clínica psicológica, pues la pregunta por mí de la relación implica la pregunta del modo de articulación, por la manera en que es la tensión con lo dado. La comunicación unifica el texto y el lector exponiendo gradualmente un campo en el que todo es posible (Kierkegaard, 2010 a). En este sentido, Climacus (Kierkegaard, 2013
[5]) pide que no olvidemos que "es un espíritu existente el que hace las preguntas, un ser humano totalmente individual" (p. 203), un sujeto pensante, al descubrir su pensamiento, se descubre a sí mismo, porque él mismo es uno existente que queda en existencia. Y, de acuerdo con Kierkegaard (1967[6]), "eso había que decirse, pero de la manera correcta" (p 1259 -. VIB 40). El modo correcto se formó en una variedad de textos en los que consideraba el existir [at existere] no sólo como algo que "mantiene el status quo" (p. 1259 - VIB 40), sino también como una tarea inacabada, como porvenir, como devenir.
 
El tono adoptado por el texto que se refiere al ejercicio en sí, fue recuperado por Foucault (2010) en sus reflexiones sobre el cuidado de sí (epiméleiaheautoû) desde la tradición grecorromana. El fundamento de estas reflexiones es "algo tan inquietante" (p. 13) en el cuidado de sí mismo que muestra que un hombre puede conocer la verdad y, sin embargo, existir fuera de ella. Para Foucault, esta cosa "algo preocupante" fue, poco a poco, convirtiéndose en el conocimiento de sí, el conocimiento que buscaba asegurar por sí mismo un saber que todo alivia, a no medirse más con la realidad. Kierkegaard también señaló extensamente los problemas de una existencia abstracta (doctrina sistemática) que aleja el hombre de toda su existencia. En un discurso edificante en 1844, argumenta que hay que tener paciencia para que el hombre pueda alinearse con la totalidad de su existencia. Dice (1844/2001
[7]): "preservar el alma en la paciencia - es decir, preservarla unida a la paciencia de forma que no ponga fuera de él y por lo tanto se pierde cuando antes debe comenzar una larga batalla con el enemigo incansable: el tiempo; y el enemigo multiforme: el mundo "(p. 26-27). Lo que está en cuestión es el peligro de que el existente se pierda de su propia existencia, pues en "Cada momento de su vida es tentado, es decir, tiene esta posibilidad a su disposición para considerar su vocación, su tarea, en vano" (Kierkegaard, 2011, p. 77).
Kierkegaard (2011) parte de este punto, esta cosa perturbadora o el peligro de perderse para recomendar a sus contemporáneos un examen de sí al leer el texto. Es como individuo existente que el lector puede ser abordado por el texto y es para la persona que importa la posibilidad y, por lo tanto, la realidad como el tipo de vida que él lleva. Al preguntar por el mí o por el mío de la existencia, Kierkegaard está preguntando por la manera de la articulación existencial que el lector realiza en su propia existencia. Articular ya siempre significa una relación, la tensión con lo dado, con lo visto. El énfasis cae no en el qué, sino en el quién y cómo, debido a que es el quién la forma correcta (similar) de la articulación o, en otras palabras, el quién es lo que da consistencia a la existencia, de una manera y no de otra.
Al manifestar la preocupante tensión entre el pensamiento y la acción, entre el conocer y el cuidar, Kierkegaard (2011) muestra, en los tres textos que componen esta obra de 1851, que es por ser un existente, que la inquietud puede despertar al hombre para el peligro de seguir la vida sin ponerse en cuestión. Es por ser un existente que no puede caminar dos caminos al mismo tiempo, creyendo que es lo que en acción no lo es.  El problema se convierte, entonces, en si el hombre se somete o no a su medida, si tiene el coraje y la paciencia para escucharse a sí mismo y juzgarse a sí mismo y, si al conocer la medida, sabiendo lo que es y lo que debería ser, él efectivamente lo hace, preservando lo que necesita ser preservado y rompiendo con lo que hay que romper. Tales preguntas son contestadas por el individuo singular, éste que existe y para quien la existencia importa. Por lo tanto, su dedicación a la persona es en realidad una invitación al individuo y al cuidado de sí mismo, es decir, de su existencia. El cuidado de uno mismo, por lo tanto, no es una abstracción sino un orientarse en la existencia, una tarea para ser experimentada por cada uno en su existencia diaria. Hablando en otras palabras, con Kierkegaard el sí mismo debe confundirse con el cuidado y el interés del individuo en su propia relación con las condiciones de su existencia.
 
El examen de sí mismo y pensamiento clínico
Kierkegaard afirma la inestabilidad que hay enel existir a través de sus diversos textos, autorales o pseudonímicos. Básicamente, lo que está en cuestión es la tensión entre la realidad y la posibilidad en un mundo en el que ya apareció la relación del hombre con su propia existencia y la precariedad de su existencia. Sin embargo, ¿cómo aparece, a lo existente, la precariedad de su existencia? Si, con Sócrates, esta precariedad se anunció por la duda y la importancia de conocerse a sí mismo, con Kierkegaard se dará a conocer por categorías como la ironía, la angustia, la desesperación, la inquietud, que apoyan la posibilidad de un examen de sí que no sólo es el conocimiento de sí, sino también el cuidar de sí y la posibilidad de transformación.
Ferro (2012)
[8] dice que el "sí mismo se refiere a sí mismo como algo que tiene validez eterna, de modo que la relación consigo es la relación con el conjunto de su vida y, por lo tanto, es algo que tiene el significado de ser decisivo”. En ese sentido, "el sujeto se refiere a sí mismo como "algo" que cuida, que importa, protege, con lo que se preocupa" (p. 107), que se sostiene a sí mismo no sólo en el gnôthiseautón (conocerte a ti mismo), sino también como epiméleiaheautoû (cuidado de sí mismo). Anti-Climacus (Kierkegaard, 2010[9]) sostiene que la precariedad de la existencia está en la incapacidad del hombre para ponerse o determinarse a sí mismo. A esto él lo llama la desesperación, porque por no ser capaz de ponerse a sí mismo, lo que tiene es el deseo de medida, de conocer el límite de lo que es y lo que puede ser. Pero Anti-Climacus (Kierkegaard, 2010) afirma que la medida está siempre delante del hombre, lo que significa que el hombre es siempre a partir de la medida de la relación que él es. El sí mismo no es abstracto, sino que siempre es éste que yo soy en la medida misma en que soy y siempre en tensión con la posibilidad.
Kierkegaard (2011) muestra que el hombre tiende a escapar de la estrechez de su propio camino en muchos aspectos: la toma de refugio en la multitud, en la razón, en la norma, en la duda, atormentándose a pensar que podía no hacer lo que hace y sería todo diferente. Pero Kierkegaard dice (2011): "el camino es estrecho desde el principio" (...) y "su trabajo es trabajar contra sí mismo." (P. 79), por lo tanto, ser uno mismo es el cuidado, trabajo, logro, y siempre existe el peligro de que podamos escapar de esta tarea.
La clínica que estamos pensando es una escucha privilegiada o, como dice Campos (2014)
[10], un "ver esencial" (p. 26) que mantiene la posibilidad. La base de la relación clínica es un diálogo participativo que puede ayudar a abrir un campo en el que el sí mismo puede aparecer a sí mismo en la misma forma que la lectura de la voz del texto. Entonces, el entorno clínico puede constituir un campo en el que la relación refleje aquel evento existencial, en una manera particular de articulación. Lo abierto de la relación se materializa en esa relación que sostiene el espacio para que el individuo (en singular) aparezca a sí mismo y se juzgue a sí mismo en la relación, no en términos de una verdad objetiva de los hechos o informes, sino en relación con la manera como, en la existencia, en la relación, se unen pensamiento y acción. O, como dice Campos (2014), el espacio abierto en la comunicación "se abre en el silencio para escuchar la salvadora habla no dicha que escapa del dolor de la vida" (p. 20) y donde un salto o transformación puede suceder.
El entorno clínico se basa en un diálogo participativo que acompaña de manera propia la aparición de esa articulación, apoyando y haciendo hincapié en la manera única / particular, de esta articulación. Para no dejarse llevar por la charla del sentido común, para ir involucrándose en la relación, el modo de articulación puede aparecer en toda su fuerza y ​​legitimidad, aclarando cuál es su sentido, es decir, de lo que ella habla y para lo que ella habla. El cómo y el para qué de aquello que aparece dan la dimensión del siendo de éste estar ahí que existe y que se examina a sí mismo. La clínica está allí, en el silencio y el vacío de la situación que alberga la posibilidad. Callejear en este espacio, este vacío, es quedarse en la posibilidad de dónde puede venir el resultado de una unión transformante.
El psicólogo clínico, inspirado en el cuidado de sí como es pensado por Kierkegaard, cuida de la relación clínica a la manera del acompañar, del participar y esperar, sabiendo que en el silencio (en espera) puede pasar a la reunión transformadora de aquello que aparece inicialmente como desunido, como no perteneciente, porque, como intentamos mostrar, no se puede encontrar una respuesta objetiva o definitiva para la cuestión de la existencia.
 
[1]Foucault, A Hermenêutica do sujeito. São Paulo: Editora WMF MartinsFontes.
[2]Foucault, A história da sexualidad 3: cuidado de si. Río de Janeiro: Graal.
[3]Kierkegaard,Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo. Madrid, Editorial Trota.
[4]Kierkegaard, Pós-Escrito às Migalhas Filosóficas vol.II. Petrópolis, RJ: Editora Vozes.
[5]Kierkegaard, Pós-Escrito às Migalhas Filosóficas vol.I. Petrópolis, RJ: Editora Vozes.
[6]Kierkegaard. SørenKierkegaard's Journals and Papers. Volume 1, A-E. Bloomington and London: Indiana University Press.
[7]Kierkegaard, Dois discursos edificantes de 1844: Preservar a alma empaciência. Teresópolis: Edição do tradutor.
[8]Ferro, Estudos sobre Kierkegaard. São Paulo: LiberArs         
[9]Kierkegaard, O desespero humano. São Paulo: Editora Unesp.
 
[10]Campos, Psicologia de Kierkegaard: um jeito de ver à margem. In Feijoo e Protasio (orgs.) Angústia e Repetição: da Filosofia à Psicologia. Rio de Janeiro: IFEN.

Volver

Usted es bienvenido a contactarse mediante el siguiente formulario:

(*) Campos requeridos

Para quienes estén interesados en enviarnos alguna nota, artículo o comentario pueden hacerlo en este espacio:

(*) Campos requeridos

 
Carlos Calvo 257 - C1102AAE Buenos Aires - Argentina -
Ir arriba